Vive, piensa, siente y actúa en Equilibrio

El amor en los tiempos de las redes sociales

 

 

Con los avances tecnológicos, las redes sociales y el mundo virtual, las relaciones y la forma de relacionarnos han evolucionado. Las formas en las que se conoce a otras personas, en las que se busca y se inicia una relación, las vías y formas en las que se demuestra el amor, así como también, los conflictos y las diferencias que también son parte de cualquier relación e incluso el cómo y porqué termina una relación o las circunstancias que rodean esa separación, se han transformado. Facebook, Whats app, Instagram, Tinder y/o Grindr, Adopta un Tío, Skype, FaceTime, etc. nos han facilitado relacionarnos con los otros, mantener vínculos y estar en contacto. Sin embargo, a pesar de sus diversas ventajas y ganancias a nivel interpersonal, también han complicado en algún sentido nuestras relaciones. 

Cada vez más frecuente, varios de mis pacientes traen a las sesiones nuevos y diferentes temas a tratar producto de las redes sociales; desde quienes trabajan sus sentimientos de soledad y/o su búsqueda de pareja y a través de Tinder, Grindr o Adopta un Tío han intentado obtener respuestas, alternativas y soluciones; también, quienes han tenido problemas de celos con sus parejas por los likes, sus contactos o las fotos que suben a Facebook  o a Instagram y  hasta quienes se sienten mal y poco valorados porque los han dejado en visto en WhatsApp. 

 

Las redes sociales son un arma de doble filo, por un lado, es sorprendente como nos permiten estar conectados a las personas, podemos contactar a gente que hace mucho tiempo no veíamos o a gente a la que no podemos ver a diario por que vive en otro lugar y/o también conocer a gente nueva que geográficamente nos sería imposible conocer. Las  nuevas tecnologías y las redes nos permiten acceder a las personas en el momento que queremos y estar totalmente en comunicación sin tener que esperar a que el otro  este en casa para hacerle una llamada o esperar los días e incluso semanas en que tarda en llegar una carta o un telegrama como en el tiempo de nuestras abuelas. Pero al mismo tiempo, esta disponibilidad inmediata ha impuesto, por un lado, una fuerte exigencia bilateral, ya que exigimos y se nos exige dentro de nuestras relaciones estar disponibles en el momento exacto y preciso en que se nos contacta.  Otra de las dificultades es que las personas se están viendo obligadas a vivir dos vidas y dos realidades: la real y la virtual. Se necesita una gran inversión de tiempo para alimentar y saciar ese mundo virtual a través del cuál todos ven y saben sobre nuestras “vidas”: lo que comemos, a donde vamos, a que lugares viajamos y sobre todo con quien o quienes lo hacemos.  Además, el problema esta en que las personas están empezando también a sufrir en ese mundo virtual, la gente tiene grandes niveles de angustia, frustración e inseguridad por lo que su pareja y/o familia y amigos publican o no publican, siguen o no siguen y comparten o no comparten y/o por la presión que ellos y ellas mismas viven a costa del mundo virtual que día a día han decidido crear. 

 

Como lo mencioné en el punto anterior,  dentro de este doble filo, nos topamos con  uno de los dilemas más grandes, que es el de estar conectados y dándole vida a ese mundo virtual, pero a costa de una desconexión en la vida real con quienes nos rodean; ¿Quien no ha visto parejas, grupos de amigos y familias sentadas en algún restaurante o un café hipnotizados con el celular, taggeando a los que están en la mesa y subiendo una foto del gran momento que están “compartiendo”?  El problema es cuando por estar taggeando esa foto para que tome realidad en nuestro mundo virtual, se pierde la realidad de ese momento: se pierden las pláticas,  las risas, el contacto humano,  la verdadera presencia y conexión con los otros.  Hemos pasado a estar más preocupados por la señal del wifi, que por las señales que captamos de los otros y  que enviamos a los otros. Se están perdiendo los vínculos personales a cambio de los vínculos virtuales, en dónde se han priorizado los “likes” y los “shares” como un aspecto importante y esencial en nuestra relación con los demás, en vez de la verdadera cercanía entre las personas. 

 

Tinder/ Grindr/ Adopta un tío: En estas apps, las personas crean un perfil en donde suben sus mejores fotos, hacen una auto-descripción de ellos y de lo que buscan en las personas que desean conocer; con estos sencillos pasos, acceden a un “catálogo” de personas que cumplen cierto rango de edad y que viven en determinada zona geográfica  según los rangos que se hayan seleccionado. Si dentro de ese catálogo, eres elegido por quienes has elegido previamente, hay “match”, si no no. Este “match” inconscientemente satisface necesidades de aceptación y pertenencia, llena huecos y espacios en nuestra interpretación social de nosotros mismos dentro de ese “mercado” de personas y posibles parejas y alimenta nuestro ego y nuestra autoestima. Conscientemente,  facilita conocer gente nueva fuera de nuestro circulo frecuente o común de amigos e incluso puede hasta ahorrarnos tiempo en la elección de con quien queremos salir o “ver que onda”. Esta elección puede ir desde para ir a tomar unas chelas y conocer gente nueva y posibles ligues, hasta quienes directamente buscan un encuentro sexual sin compromisos y alguien con quien pasar un buen rato o hasta quienes buscan relaciones serias y duraderas, el amor en toda la extensión de la palabra.

Y aunque son apps muy sencillas y divertidas de usar, a diferencia de las relaciones e interacciones cara a cara en donde se necesitan mayores habilidades sociales y de comunicación (pues se elige al otro no solo por su foto, sino por su actitud, su forma de hablar, su personalidad y por la química que se formula entre esas dos personas y su interacción y conexión en determinado momento), estas apps y el espacio virtual de “conexión” que promueven, no exigen inicialmente mucho, las personas no se enfrentan a una conversación cara a cara, se pierden de la autenticidad del otro  y es por eso que también un primer encuentro de tinder o de Grindr no simula, no se asemeja a la realidad de conocer a alguien en persona e incluso puede volverse una pesadilla, pues la foto  y la descripción nunca son suficientes descriptores realistas del otro. 

 

Facebook: Si no me equivoco, es a mi parecer la red social más usada y es impresionante el gran impacto que puede tener en nuestras relaciones personales, sobre todo en nuestras relaciones amorosas y de pareja. Dentro de la mucha información que podemos compartir en nuestro perfil de Facebook sobre nosotros se encuentra nuestra situación sentimental: “en una relación”, “casado (a)”, “soltero (a)” e incluso  podemos definir si “es complicado”.  De manera virtual, nos ponemos el anillo o no, poniendo límites o dando luz verde a aquellos contactos que pueden buscarnos y coquetear, eso en la vida real al menos con la gente que no esta casada no es posible, sin anillo en mano, no sabes si una persona esta en una relación  y mucho menos si es una relación complicada. Igualmente, los likes cuentan mucho, si recibimos likes y shares nos sentimos satisfechos, parte de y queridos, si no, pensamos que algo esta mal en nosotros. Nos comparamos con “Chuchito Perez” que tiene 50 likes mas que yo o con “Marianita Perez” que tiene 500 seguidores más, es decir,  en base en el número de likes y contactos nos evaluamos como socialmente exitosos o no. Hablando de números,  estudios revelan que las personas revisamos hasta 150 veces aproximadamente al día nuestro celular, hemos desarrollado una compulsividad   a las “alertas” dentro de nuestro mundo virtual, ahora existe un intenso deseo de  estar “actualizado” y ver todas las publicaciones y perfiles de los otros, saber qué hacen , cómo y sobre todo con quién lo hacen. 

Además, en el fondo  de este deseo compulsivo de saber, se desarrollan otro tipo de actitudes compulsivas, por ejemplo, los celos,  al estar constantemente pendiente de este mundo virtual  a veces comienza una hipervigilación y un acoso a los perfiles de nuestras parejas, ¿Quién es esa persona nueva que agregó?, ¿De dónde lo conoce? ¿Porqué le pone like en todas sus fotos?…corremos, nos metemos a su pérfil…vemos su situación amorosa y…. soltero(a) ¡Peligro! 

El mundo virtual y sobre todo la enajenación con él,  genera desconfianza y afecta con ello las relaciones. Los problemas de pareja están a la orden del día, por que no se respeta la individualidad, la intimidad y la libertad del otro, se revisan mensajes e inbox de messenger y hasta se controla la información que se publica y es “admitida” por el otro para formar parte del mundo virtual.  

 

Skype : Para mí que vivo fuera de mi país y lejos de mi familia y amigos, a la distancia me parece uno de los mejores inventos que el ser humano pudo crear. Incluso como herramienta de trabajo. ¡Que maravilla estar al otro lado del mundo y poder ver en tiempo real a la o las personas que extrañas! Gracias a Skype ,hay personas que mantienen relaciones por meses e incluso por años a distancia. Igualmente, hay personas que conocen en vacaciones o viajes de trabajo a alguien que no es de su país y deciden conocerse mejor e iniciar una relación a distancia  a través de Skype o personas cuya pareja se fue a estudiar o a trabajar al extranjero y deciden mantener la relación por que pueden seguirse viendo a diario al menos una hora al día para saber de sus vidas en lo que vuelven a estar juntos. Skype es y será una excelente herramienta para relacionarnos a distancia y desde una mayor cercanía que la que nos provee solo el celular.

Sin embargo, a través de Skype no puedes acariciar, abrazar, besar, ni hacer el amor. El poder hablar con la otra persona depende de si  hay buena conexión  o no, o si un día tienes mala suerte y se te va la luz, te jodiste y es imposible poder ver  y hablar con esa persona. Al final del día, el contacto humano y la presencia del otro no la suple nada ni nadie.

 

WhatsApp y Messgenger : Mensajes, notas de voz, imágenes, llamadas y videos privados con contactos individuales o en grupo; el teléfono a toda su potencia. Conectados con el otro a todo momento porque son pocos los que no tienen a estas alturas de la vida un smartphone. 

Pero que sufrimiento tan grande genera a la gente esa disponibilidad, porque ahora cuando el otro esta conectado y no nos lee o nos deja en visto o no contesta inmediatamente es leído como una traición, como falta de interés e incluso como desamor. Las dobles palomitas o ahora esa palomita en azul, nos han sacado a más de uno, un coraje, conclusiones paranoicas e incluso hasta una que otra peleita. 

 

En conclusión, a través de nuestra vida virtual podemos proyectar y compartir parte de nuestra vida presente e incluso conservar y recordar el pasado. Sin embargo, es un arma de doble filo, en primer lugar, pues una de las consecuencias de la energía y tiempo que “invertimos” en el mundo virtual ,  es evitarnos de afrontar nuestras crisis existenciales, no estamos aceptando y asimilando la realidad de nuestra soledad, corremos de nuestras relaciones reales a nuestras relaciones virtuales y olvidamos tener y fomentar ese tiempo necesario con nosotros mismos, de introspección y de disfrute, de análisis y de reflexión personal.

En segundo lugar, con los demás, el hecho de estar tan al pendientes de nuestras redes sociales y de lo que proyectamos sobre nuestra vida a nuestros seguidores o “amigos”  a veces nos desconecta del aquí y del ahora y también de aquel que si esta alado de nosotros para compartir…y no precisamente su estado o la foto de los tacos que se echo en la cruda el domingo. Del mismo modo, aunque la distancia se ha convertido en secundaria y podemos mantenernos cercanos e incluso seguir ampliando nuestra red social, conocer gente sin limitaciones geográficas y tener un acceso menos limitado a las personas que nos rodean,  las relaciones virtuales pueden verse complicadas por la falta de contacto personal.  Por ejemplo, la comunicación aunque es más accesible en tiempo y forma, se ve afectada por los muchos malentendidos que pueden surgir a falta de la comunicación no verbal del otro.   Finalmente,  en casos extremos,  como lo hemos visto recientemente las redes  representan incluso facilitan la agresión, el bullying y la difamación, por ejemplo, cuando son usadas como medios de humillación  y venganza hacia alguna persona; cuantos casos no conocemos de personas que comparten contenidos (fotos, videos, conversaciones) íntimas o que vulneran la intimidad y privacidad de esa persona, exponiéndola así a miles e incluso millones de miradas…

 

 un consumo y un uso más consciente de las tecnologías y las redes sociales. 
Fomentemos

¡No te desconectes de quienes te rodean por esta conectado!

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