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¿Cómo enseñar a los niños a manejar adecuadamente los duelos y las crisis?

 

 

 

Las pérdidas y los acontecimientos críticos son parte de la vida. Y si estas situaciones no son efectivamente tratadas  generan secuelas en quienes las han sufrido. En el caso de los niños y los adolescentes,  pueden enfrentarse a ellas de una manera más vulnerable si sus padres o adultos de referencia no les enseñan a manejarlas  y superarlas adecuadamente.

 

El divorcio de los padres, la muerte de un progenitor o un ser querido, la enfermedad de algún familiar o recibir el diagnóstico de una enfermedad a temprana edad, sufrir un accidente grave, sufrir daños ante alguna catástrofe natural, ser testigo de un conflicto armado, una guerra o ataque terrorista son algunos de  los ejemplos de  situaciones críticas que resultan inesperadas y suponen un cambio para la vida del niño(a) y generan miedo e incertidumbre.

 

Puede ser difícil saber cómo ayudar a los niños a enfrentar la pérdida, especialmente porque posiblemente tu también puedas estar enfrentando  tu propio proceso de duelo. Sin embargo, en este artículo hablaremos de las pautas básicas para poder ayudar a los niños a  manejar y superar estas situaciones con las menores secuelas posibles e incluso generando una capacidad de resiliencia  para enfrentarse a futuras situaciones estresantes de pérdida o crisis.

 

PAUTAS  PARA ENSEÑAR A LOS NIÑOS A   ENFRENTAR Y SUPERAR  LOS DUELOS Y CRISIS:

 

1. Lo primero es que te  asegurares de atender las necesidades básicas del niño (a), asegúrate de que coma, beba agua y pueda dormir en un lugar seguro.  El hecho de que al niño(a) no le falte nada que sea necesario para su existencia, ya le genera una sensación de seguridad y protección significativa.

 

2. Dale información clara y honesta y dale un espacio para que ella/él comunique lo que piensa. Háblale al o la menor de la muerte o el accidente o la situación crítica  tal cuál y como es. Si fue un suicidio hazlo saber también.  Si le cuentas una historia irreal y le ocultas la verdad, no lo proteges del dolor, los niños captan la incongruencia entre el mensaje que les damos y  nuestras acciones y actitudes, al igual que las situaciones que acontecen a su alrededor. Es importante que seas honesto(a) con tu hijo(a)s o el menor a tu cargo. Dale la confianza para que pueda plantear sus dudas y no hagas nunca del suceso un tema tabú. Si tu miedo es no saber que responder a sus preguntas, se vale decir que no tienes una respuesta o que no sabes con certeza que sucederá o incluso que tu también te planteas las mismas preguntas y que pueden buscar juntos una respuesta para ellas. También, es importante que no hagas promesas que no  puedes cumplir, como prometer que alguien que falleció regresará o decir que se fue a un largo viaje. Recuerda que aunque la información debe ser acorde a su edad, nunca debes omitir el hecho en si.  En un caso de muerte por ejemplo, puedes explicarle(s) que las personas mueren cuando sus cuerpos ya no funcionan y que es una situación irreparable. Para los niños menores de 6 años, debido a su pensamiento mágico, es difícil entender que todas las personas y todos lo seres vivos acaban muriendo, que esto es algo definitivo y que ya no volverán. Por eso, después de que les hayas explicado esto, es posible que te pregunten ¿dónde está ese ser querido? o ¿cuándo va a volver esa persona?; aunque esto te resulte doloroso e incluso frustrante, tienes que seguir repitiéndole que la persona que murió ya no volverá. Por ejemplo, en el caso de  un divorcio es recomendable no meter al niño en el problema de pareja, simplemente explicarle que el hecho de que la relación de papá y mamá  haya terminado, no significa que le dejen de querer y que no siga la relación entre él/ella y sus padres, se le explicarán los cambios y  se plantearán soluciones y planes para sus dudas, deseos y nuevas necesidades.

 

3. Dale un espacio  para la expresión emocional. Transmítele al  o la menor que entiendes si se siente triste, enojado(a),  confundido(a) etc., y recálcale que no hay maneras buenas o malas de sentirse. Jamás le digas a un niño que ya no llore o que se tranquilice o que intente estar feliz.  Valida y normaliza sus sentimientos y emociones.  Intervén solo si la manera en la que el/la menor expresa esa emoción, lo /la daña a si misma(o) o a otros. Muchos adultos intentan no expresar su dolor enfrente de los niños por evitarle dolor a ellos. Sin embargo, como anteriormente lo he mencionado, la expresión de un dolor no desbordado, es sano para que el niño o la niña entiendan que es válido expresar lo que se siente y que no es el único o la única que se siente de esa manera ante la situación que esta teniendo que enfrentar.

 

4. Permite que el/la menor participe en rituales de cierre de perdidas, ceremonias (funerales, conmemoraciones de algún incidente o conflicto), actividades de resolución de la crisis, si el menor o la menor así lo desea. Es sano dejar que los niños participen en los rituales de duelo, pues así pueden  darle un cierre a su perdida. Tampoco hay que forzarlos si no lo desean. Es importante explicarles de manera anticipada que va a ocurrir, así como qué cambios vienen en su vida diaria y su rutina,  para que ellos decidan si quieren asistir o si no quieren ser parte del ritual. Si su hijo(a)s o menores cercanos no desean participar hay que dejarlos al cuidado de algún familiar cercano o alguien con quien el niño(a)s se sienta bien y con confianza. Igualmente, es importante mencionar que es normal que los niños reproduzcan el suceso crítico a través del juego o el dibujo, no le prohibas esas expresiones, inicialmente son formas normales, sanas y naturales de los niños  para procesar e integrar la pérdida en su vida.

A muchos padres les preocupa que sus hijos sean testigos de su dolor y su tristeza, que los vean llorar una muerte. No tengas miedo,  si le permites a tu hijo(a) ver tu dolor, le estarás enseñando que llorar es una reacción natural ante el dolor emocional y la pérdida. De esta manera tus hijos se sentirán más cómodos cuando expresen sus propios sentimientos. Eso si, sin olvidarte de demostrarle y darle la seguridad de que por muy triste que te sientas, seguirás siendo capaz de cuidarlo(a) y de ayudarlo(a) a sentirse seguro(a).

 

5. “Apapáchalo(a)”. Dale cariño, consuélalo, abrázalo, manténte al pendiente y cerca de él/ella, pero sin ser sobreprotector (ora). Pregúntale  de que manera puedes hacerle saber tu cariño y protección. Hay niños que necesitan un espacio y que pueden sentirse abrumados ante las muestras de afecto. Relájate y no “sobre-apapaches”, hazle saber que puede pedir un abrazo o que el des cariño cuando así lo desee. También puedes contarle un cuento, jugar con él, bailar y expresarle tu cariño a través de actividades lúdicas.

 

6.  Intenta que las demás áreas de su vida no cambien o se mantengan lo más estables posibles. Es importante que el menor vea que su vida diaria no se ha visto totalmente alterada, que su rutina sigue de cierta manera y que aunque habrá que hacer ajustes temporales o definitivos debido a la situación de pérdida, la vida sigue y él o ella también.

 

7. Pide ayuda cuando sea necesario (tanto para ti como para el niño). Normalmente el periodo de reajuste a una crisis y/o pérdida, dura unas 3 o 4 semanas. Durante ese periodo,  puedes observar que el o la menor pueden tener alteraciones en su estado de sueño, conducta alimentaria, estado de humor, desempeño escolar, desarrollo social etc., estas respuestas son absolutamente adaptativas y suelen desaparecer poco a poco.  Sin embargo, si pasado un periodo de 4 semanas persiste alguna alteración  o alguna conducta fuera de lo normal se prolonga, por ejemplo que continué teniendo regresiones como hacerse pipi en la cama o estar muy agresivo, es muy importante que  busques ayuda de un profesional y consulten a un psicólogo especialista en estrés agudo, duelo y/o trauma infantil.  Existen muchos recursos también para ti como madre-padre o para adulto cercano de un menor en duelo y/o enfrentando una crisis, hay libros, manuales, organizaciones y profesionales que pueden asesorarte.

 

No olvides que como padre-madre o adulto cercano del menor  eres la mejor  referencia para que él/ella aprenda a enfrentar las crisis y los duelos,  a través de afrontar y manejar sus sentimientos,  logrando desarrollar recursos emocionales que les ayuden en futuras situaciones. Ayúdalos a enfrentar el dolor con resiliencia,  a aceptar la perdida y las crisis como parte de la vida y a lograr ser felices a pesar de ellas.

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